“El dinero, para ser tal, no necesita ser de curso legal. Bastaría con que fuera, digamos así, de curso común: comúnmente aceptado como pago por las deudas sin necesidad de coacción legal alguna”.           
Richard Timberlake.           
                         (
Profesor Emérito de Economía, University of Georgia).

“Debe­mos dis­eñar un sis­tema mon­e­tario que haga exac­ta­mente lo opuesto de lo que hace actual­mente éste. Lo que yo llamo de Carga a Largo Plazo, un con­cepto desar­rol­lado por Sil­vio Gesell hace alrede­dor de un siglo. Su idea era que el dinero es un bien público como el telé­fono o el trans­porte en auto­bús y nosotros sólo deberíamos pagar una tasa por usarlo. En otras pal­abras crear una tasa de interés neg­a­tivo en vez de pos­i­tivo. Sería así: si yo le doy un bil­lete de cien dólares y digo que den­tro de un mes tiene que pagar un dólar para que el bil­lete siga siendo válido, ¿usted qué haría? Lógi­ca­mente trataría de usarlo o inver­tir en algo más, para no ‘perder’ ese dólar… Exac­ta­mente ésa es la fun­ción del dinero: sólo es bueno cuando cir­cula. En el sis­tema Gesell, las per­sonas deberían usar el dinero como un medio de inter­cam­bio pero no como reserva de valor: eso crearía tra­bajo, facil­i­taría su cir­cu­lación y podría inver­tirse en el sis­tema de incen­tivos de corto plazo.”  Bernard Lietaer.
 
Bernard Lietaer, fue Director del Banco Central Belga, arquitecto del Euro y uno de los mayores expertos mundiales en sistemas monetarios. Extrac­tado y ade­cuado a par­tir de un artículo pub­li­cado por Paul H. Koch en el Paso de las Ter­mópi­las.

Una utopía muy real.

Existen actualmente más de 5000 sistemas monetarios complementarios en todo el mundo y seguramente van a seguir creciendo como lo vienen haciendo desde los últimos 20 años. Estas monedas no compiten con las monedas oficiales de cada país sino que las complementan y dado que representan un elemento de cambio de común acuerdo por ambas partes (vendedores, compradores e intermediarios) tienen la misma validez para ellos que las monedas oficiales, con la ventaja de que las monedas complementarias se pueden modelar para lograr lo que quieran obtener con ellas sus promotores: fomentar el trabajo, mejorar el nivel de los estudiantes, conservar el medio ambiente, emplear el transporte público, atender a los más necesitados, cuidar a los ancianos, ayudar en la educación de nuestros hijos, atajar la violencia, conservar limpias las calles, etc.

Un Banco con su propia moneda.


En Suiza existe un ejemplo de un banco (WIR BANK) que hace 75 años que funciona con su propia moneda, creada inicialmente por una cooperativa de empresarios para fomentar el comercio entre ellos. Recientemente un profesor estadounidense llamado James Stodder de la Rensselaer University, realizó un estudio econométrico que demostró que la legendaria estabilidad económica de Suiza se fundamenta en la existencia de esta moneda complementaria muy vinculada a las pequeñas y medianas empresas del país. En EEUU también hay experiencias de bancos que han aceptado trabajar con ciertas monedas complementarias y esto ha representado un nuevo modelo de negocio para ellos.


Las monedas sociales son la tierra de las nuevas oportundades para las empresas del siglo XXI:

Feisyap apuesta por una moneda social y virtual propia, creada para fomentar la actividad económica y el desarrollo de la actividad laboral de las personas, aprovechando las posibilidades que ofrecen hoy día las redes sociales en Internet y  a través de la cual, cualquier banco que lo desee y en la medida que decida, puedan explorar un nuevo terreno de oportunidades para sus negocios, que además ayudará  a fomentar la estabilidad económica y el bienestar de las personas.

Tenemos argumentos suficientes para mostrar a los bancos que las monedas sociales no representan una amenaza para la viabilidad de sus negocios, si las aceptan y adoptan y que pueden cambiar el papel que juegan hoy por hoy las frías entidades financieras en nuestra sociedad por otro que realmente les acerque a las personas.